Sí, tal como lo leéis. Me gustaban –y me siguen gustando, aunque ya no me produzcan el mismo cosquilleo que en aquellos tiempos–, las historias y las películas de piratas, esos “Perros del Mar”, considerados el terror del Caribe, que se dedicaban a depredar las tierras del Nuevo Mundo, gracias a la patente de Corso que le extendía Su Majestad.
Creo haberme iniciado con “La Isla del Tesoro”, de Robert Louis Stevenson. Posiblemente, una de las que más me gustó fue “La Taza de Oro” de John Steinbeck.
En algún momento de mi adolescencia me convertí en una fan encubierta de las películas de piratas y no sé si llegué a verlas todas, pero sí las más importantes: “Capitán Blood” (con Errol Flynn y Olivia de Havilland); “El Pirata Barba Negra” (Robert Newton y Linda Darnell); “El Halcón del Mar”, también con Errol Flynn pero acompañado por Brenda Marshall. Y no hace mucho tiempo, “Los piratas del Caribe”, con Johnny Deep, Orlando Bloom, Geoffrey Rush y Keira Knightley.

Recuerdo que un día mi madre me sorprendió mirando a Gregory Peck y a Virginia Mayo en “Capitán Horacio” y se me quedó mirando a los ojos. Debo haberme ruborizado.
–¡Niña! ¿Cómo pueden gustarte esas películas? –dijo, y se marchó meneando la cabeza y con una sonrisa sutil, muy propia de ella, dibujada en el rostro.
Tuvo de correr mucha agua bajo el puente, para que comprendiera el porqué de aquella sonrisa. No me cabe duda, que a mi madre, debió haberle pasado algo similar aunque nunca tocamos el tema.
He hablado del tema con varias amigas y conocidas y todas coincidían en que se pirraban por las historias y las películas de piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros. Y cuando más se aprovechaban de las damas que invariablemente raptaban en los buques que atacaban, más nos gustaban.
En mi caso, más de una vez soñaba con ser la heroína de la historia, a la que se llevaban raptada esos ingleses o franceses toscos y brutales, luego del abordaje, con los ojos vendados y el vestido con miriñaque desgarrado, cubriendo apenas mi cuerpo casi desnudo. Menudo rollo el mío. Bueno... el que yo creía mío, porque si bien en esos cotilleos de mujeres la opinión fue casi unánime, no todas admitieron así como así que las películas de piratas las ponían tan cachondas como a mí. Y es que una buena historia o una película tiene mucho de fantasía erótica para una mujer que de pronto se siente a merced de varios hombres, con sus posibilidades limitadas y sin más remedio que dejarlos hacer. Como fantasía, os la recomiendo. Baste como dato la cantidad de novelas románticas, están ambientadas en el Caribe y tiene como protagonistas a algún filibustero por lo menos.
A ver, veamos. ¿Alguna de nuestras lectoras se atreve a responder sinceramente, si le ha ocurrido algo parecido mirando una de piratas ?