Para que se animen a bailar con pasión
Parada frente a mí tu traje es un revoloteo de lunares blancos y negros, de tanto vuelo: la amplia falda negra, encaje y lunas blancas, cielo negro, anticipo del deseo. Un corsé negro como la noche más cerrada, tan descotado que puedo ver la zanja prometedora de tus senos, miel y fuego. Las flores de gasa que sujetan tu cabello oscuro, ala de cuervo y el resplandor de los aretes de plata que cuelgan de tus orejas.
Sin zapatones.
Descalza.
Otras veces te he visto bailar, mujer, gitana mía, bailaora.
En la escuela de flamenco, presentándote ante el público, en fiestas de familiares o amigos. Siempre un deleite, un verdadero tributo para los sentidos. El privilegio de mis más profundas emociones.
Pero ésta será la primera vez que la danza sea solo para mí, bailaora.
¡Qué pies, mujer! Sublimes de tan fuertes.
La falda, de tan fina, no puede ocultar tus piernas firmes, la derecha apenas adelantada, lanzando adelante las caderas redondas, voluptuosas. Tu abdomen pleno, incitante, latiendo para mí, como si mi mano pudiera descansar sobre ese vientre y quedarse allí, hasta el final de los tiempos.
Pechos plenos, grandes y redondos los tuyos. Senos rotundos. Carnes que suben, bajan y se sacuden con cada golpeteo de tus talones. Pechos de pezones erectos, dibujados por la mano del más virtuoso artista.
Los brazos en alto por encima de tu cabeza. Las manos enfrentadas, palma con palma y el conjunto... un arco delicioso, el marco perfecto para tu rostro sudado, extático a fuerza de tan sensual y seductor. La mirada fija en el piso, como si me estuvieras robando el placer de mirarme en la profundidad de tus divinas cuencas, como uvas tintas.
Bailaora... no creas que no me doy cuenta de tu gesto, de esa sonrisa villana que se dibuja en tus labios. De cómo, sólo empezar la música, clavas en mí tus ojos verde esmeralda, brillantes, húmedos de embeleso, más hermosos a fuerza del gozo de regalarme un baile, tu danza de talones y de fuego.
He visto cómo unes los labios en el mohín de un beso y después, otra vez el golpe de talón en el piso, con una fuerza que me subyuga.
¡Ah, bailaora!
L’amour est un oiseau rebelle
Que nul ne peut apprivoisier;
et c’est bien en vain qu’on l’appelle,
s’il lui conviente de refuser..

Con los primeros acordes de la Habanera , tu cuerpo delicioso es una serpiente de la tentación delante de mis ojos. ¿Me miras? Sí. No apartas la vista de mí ni tan solo un instante. Tu pie derecho dibuja un círculo sobre el piso y mueves tus caderas hacia la derecha. Das un golpe de talón más, reclamando mi atención.
¡Como si fuera necesario!
Anda, provócame, nigromante de la danza. Dibuja otro círculo, ofrécete. Eso, ahora el pie izquierdo y aquí vienen tus caderas, hablándome de misteriosos placeres.
Rien n’y fait, menace au prière.
L’un parle bien, l’autre se tait;
et c’est autre que je préfère,
il n’a rien dit mais il me plait.
Tus brazos, bailaora. ¡Ay, tus brazos! Dos aves sueltas a vuelo, y esas flores que se abren y se cierran como mi deseo. Tus manos. Cada movimiento, una caricia que me recorre el cuerpo. Tu mirada penetrante, una provocación que no se aparta de la mía, fascinada.
L’amour! L’amour! L’amour! L’amour!!
¡Eso bailaora! Eso esperaba. Que te quitaras el corsé de un tirón, que lo botaras. Que te acariciaras los senos y con tus manos me los ofrezcas, como en bandeja. Que los acercaras a mi boca, para que mi lengua apenas roce sus pezones y, provocadora, te alejes con los ojos fijos en los míos mientras Bizet me habla de un amor jamás antes conocido:
L’amour est un enfant de Bohème,
Il n’a jamais, jamais connu du loi;
Si tu ne m’aimes pas, je t’aime;
si je t’aime, prends gard à toi!
Ven, camina hacia mí, balancéate, echa la cadera hacia adelante, ofrécete; voltéala hacia atrás, negándote. Gira de izquierda a derecha, transfórmate en deseo. Y a cada paso, con cada taloneo muéstrame tus muslos, descúbreme esas piernas, incítame con toda la impudicia de la danza.
Ven, acércate para que perciba tu aroma de hembra en celo y, por favor, mírame. No dejes de mirarme.
L’oiseau que tu croyais surprende
battit de l’aile et s’enyola;
L’amour est loin, tu peux l’attendre;
tu ne lattends plus, il est lá!
Te das otra vuelta y te volteas. Y allá va la falda, al compás de tus caderas. De un lado a otro, y el taloneo que machaca mis sentidos –gitana de mis sueños–, como tus miradas por encima del hombro, tus ojos de lujuria.
Y allí estás, toda desnuda.
Te acercas a mí, y mi sangre hierve. Refriegas tus nalgas en mi entrepierna, enajenas mis sentidos, consigues que me pierda.
Tout autour de toi, vite, vite,
il vien, s’en va, puis il revient;
tu crois le tenir, il t’èvite,
tu crois l’èviter, il te tient.
Y con la última vuelta allí estás, de pie frente a mi ojos, las caderas a la altura de mi cara. Apasionada. Impúdica. Salaz. Pura lujuria. Te echas hacia atrás y arqueas el cuerpo ofreciéndome esa cueva abierta, esa humedad que de tan anegada, casi gotea. Sexo abierto que se me ofrece y, como manantial, lo bebo.
L’ amour! L’amour! L’amour! L’amour!
Te dejas aferrar por las caderas, te levanto del suelo. El abanico, queda entre lunares, ya no se agita. Me devora tu mirada hambrienta. Abres las piernas y te clavo en mi verga enhiesta. Un instante antes del estertor, apenas si puedo susurrar la súplica, que a la vez es orden: "Ven, gitana mía, báilame otra vez esa Habanera".
Anamar
¡Vaya con la gitanilla! Anamar, querida amiga, me has dejaodeunapieza, ¡poravirgeierniñitodió!, como diría un andaluz.
Por cierto, la ilustración –"Sevillana"–, es del pintor argentino Fabián Pérez, nacido en 1967, cuya obra podéis ver en esta hermosa página de arte donde se ofrecen sus cuadros. Fascinante relato e imagen. Un besote, para cuando os recobréis de las sensaciones. Monse.