¡Pero qué novedad! Resulta que una de las razones más frecuentes que hacemos las mujeres respecto de nuestra sexualidad, están relacionadas con la dificultad para alcanzar el orgasmo. ¿No me digas?
Parece ser que el orgasmo ya no es lo que era antes. Ahora, en una nota lo definen como “...una pulsión natural del organismo. Todo cuerpo tiene potencialidad natural de vibrar, de sentir esta pulsión. La intensidad, la frecuencia y la sensibilidad, la forma en que se siente es individual y único en cada mujer”.

¡Ay, Dios! Y yo que me pasé todos estos años sin darme cuenta.
Para la terapeuta que comenta la nota, miembro de la Asociación de Psicoterapia Biodinámica –cada vez los nombres de estas entidades son más rebuscados y rimbombantes–, el orgasmo “es como hacer pis, vos sentís la pulsión, pero ¿cómo sabés si es igual a la mía o a la de cualquier otra mujer? Es una necesidad que en algunos casos puede ser ácida, en otras ocasiones una pequeña vibración, en otros una pequeña inflamación, pero se siente igual. Todos terminamos en el baño”.
Y esta eminente asociación consiguió descubrir, después de tantos siglos, que si una mujer está con una rabieta, no puede sentir placer, porque el placer femenino va de afuera hacia adentro y “se relaciona con recibir algo de afuera”, y como la rabia va en sentido contrario, en el camino, no queda espacio para la energía que se necesita para experimentar el orgasmo. Es decir, no-pasa-nada. Las mujeres, si estamos ofuscadas, furiosas, rabiosas, enchinchadas, u ofendidas, no sentimos nada.
Me pregunto: ¿serán candidatos a algún premio internacional por descubrir esto?
Porque, al fin y al cabo, la pregunta que una se hace es: los orgasmos, ¿adónde están?
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