Colección Voyeur

Martes 04 de Octubre de 2005
Ahora, el Metroemocional

Hace más de un año, cuando empezábamos este blog, hablamos del que parece ser el nuevo paradigma de hombre del siglo, el Metrosexual. Ese que siendo adinerado, petulante, fatuo, estrepitoso, algo afeminado, egoísta, ególatra, materialista, acaparador, utilitario, vanidoso, presuntuoso, envanecido, pedante, vacío, presumido, fachendoso, soberbio, altanero, inmodesto, engreído, ostentoso, fantoche, aparatoso, rimbombante, teatral, pomposo, fastuoso, bufón, mequetrefe, marioneta, llamativo, recargado, complicado, recargado, lujoso, exagerado, hueco, jactancioso, altisonante, pretencioso, extravagante, excéntrico, provocador, estridente y chillón, a-do-ra vestirse con ropa llamativa, precisamente porque quiere exhibirse como en una pasarela. Se pinta las uñas, usa cremas faciales, corporales, hidratantes, nutritivas y estimulantes. Se tiñe el pelo, se hace masajear, asiste puntualmente a la manicura y a la pedicura y hace gym y aparatos, pero con mucho cuidado para no dañarse lo que considera que es lo más importante que tiene: su propio cuerpo.

Ahora apareció una nueva categoría: el Metroemocional, según leímos, concebido por una escritora española, autora del libro “En busca del hombre metroemocional”. Léanla en este vínculo, que me da pereza escribir tanta pavada.
Les adelanto la conclusión de tanta palabrería saturada de conceptos sacados de la galera, más una buena cuota de obviedades: parece ser que –como lo explica la escritora Roseta Forner, que sus buenos euros debe haber ganado con este manual de búsqueda del hombre perfecto–, para ser considerado un Metroemocional se requiere un nivel de evolución tal, que es como encontrar el diamante Napoleón en el medio de la calle.
A menos, claro está, que las mujeres nos pongamos a aprender el difícil arte de la joyería para poder pulir todos los posibles diamantes en bruto que se esconden debajo de tanto grandote pavo suelto por ahí.
Al fin y al cabo parece que resultará cierto que las mujeres repitamos, como un sonsonete una pregunta que a mí, personalmente, me da arcadas, porque no es la muestra más patética de nuestra responsabilidad en la decadencia de esta sociedad en la que vivimos: “¿Es que ya no hay hombres?”.

 
Publicado por Silvia a las 10:05

Respuestas
06 Octubre 2005 - 13:01
Enviar un emailjoseenrique
Y mujeres, ¿hay mujeres?. Yo sólo me encuentro seres egocéntricos incapaces de querer a un hombre que las trate como personas y no como seres inferiores, que las trate como si tuvieran elección y no como si no tuvieran nada mas que hacer en la vida que quieran a un hombre por propia voluntad y simplemente por ser él como sea sin necesidad de requerimientos externos a la propia personalidad del hombre, de hecho yo pienso que nunca "ninguna" mujer ha podido amar a un hombre, sólo pueden amar a sus hijos y el hombre no es mas que una cosa que ahí está. Evolutivamente hablando es lógico, pero bueno ahí queda y ójala alguien me haga cambiar de opinión. José Enrique.
06 Octubre 2005 - 17:21
Enviar un emailSilvia Bonasi
¿Sabes una cosa José Enrique? Estoy de acuerdo con lo que expresas en gran parte y además, concuerdo en cómo lo expresas. Las mujeres, especialmente las de mi generación, parecen haber descubierto el "culto a mí misma". Egoístas, codiciosas, explotadas pero felices, cobardicas, egocéntricas, incapaces de dar y recibir afecto, ingratas, aisladas, exigentes hasta la estupidez, afectadas de "divismo" y, tal como lo señalas, dedicadas (las que los tienen) a cuidar a los "nenes" aunque tengan cuarenta años. ¿Crees por ventura que el "Metrosexual" o el "Metroemocional" han surgido por generación espontánea? No, para nada. Los hicimos así nosotras (bueno, no yo, que no tengo hijos), las mujeres. Porque el niño no aprende de aquello que sus padres "dicen", sino de aquello que sus padres "hacen". Grandes observadores, los niños. De modo que han visto a sus mamás dejar de lado el amor para "liberarse" y cuidar de él... ¿qué pueden aprender? Ya el hecho de la generalización de la cirugía estética es una muestra del narcisismo exacerbado de la mujer. Ya el hecho que prefieran quedarse solas y olvidarse cómo era que se hacía el amor, y hacer cursos de autoayuda, gimnasia gym y dedicarse por entero a su trabajo dejando de lado su femeneidad, es parte de la locura de este mundo globalizado, postindustrial, materialista y ególatra. Las escucho, ¡vaya si las escucho! Hablan pestes de sus ex hombres, mientras lo depredan cuanto pueden. Claro, estimado lector, hay sus excepciones. Yo conozco a algunas pocas... contadas con los dedos de una mano que sin sentirse sometidas ni explotadas ni sumisas ni rebajadas, viven y aman a su hombre. Por cierto, son rara avis. De modo que, ¿ves? ¡Te has encontrado con una machista a ultranza! Eso sí, no pierdas la esperanza de conseguir una que te quiera bien. Las hay. No hagas lo mismo que nosotras que -reviente quien reviente al leer este comentario-, somos un pésimo ejemplo. Con mi afecto, Silvia.

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