Colección Voyeur

Miércoles 28 de Septiembre de 2005
De piñones y otras especies

Desde tiempos remotos en el Kama Sutra –ese texto hindú del arte amatorio–, se sugerían diferentes maneras para que el hombre incrementara su vigor sexual con leche y miel, por ejemplo, ya que ha sido reconocidos desde entonces como invalorables fuentes de energía.
La historia del cacao –o chocolate–, la conocemos todos. Pero ¿sabíais que la albahaca, las frambuesas, el ajenjo, el almizcle, los melocotones, el sésamo, los espárragos (¡con lo que me gustan!) y el cilantro son considerados afrodisíacos? Yo, no lo sabía.
El Abrótano, por ejemplo, esa planta herbácea de la familia de las compuestas –identificada con la especie Artemisia abrotanum–, que rara vez pasa del metro de altura, de hojas muy finas y blanquecinas con flores de olor suave, en cabezuelas amarillas, que transformadas en infusión se emplean para hacer crecer el cabello, se conocía en la antigüedad como “la perdición de las doncellas”, y no me preguntéis porqué, porque os lo podéis imaginar perfectamente.
El Cilantro, que lo he probado combinado con la carne de cordero fría sobre pan negro y con mostaza inglesa –¡Válgame Dios, ahora me explico!–, tiene unas semillas que se machacaban para ser utilizadas en pociones amorosas siendo muy aromáticas y de agradable sabor.

A mi esposo le complace, los sábados a la noche o los domingos, utilizar la parrilla porque ha cogido la costumbre de hacer asados, y bien que los disfrutamos. A mí, personalmente, nunca me había gustado la morcilla –me daba un no sé qué sólo de saber cómo se hacían–, hasta que encontró la carnicería de Don Miguel, cerca de nuestra casa. Don Miguel es un viejo vecino del barrio que está allí, con su negocio, vaya a saber desde cuándo. A él le compramos el jamón serrano y el chorizo y los quesos. Pues bien, este señor carnicero ha logrado que me gusten las morcillas, por el simple hecho que –como en mi tierra–, en vez de nueces las rellena –entre otras cosas–, con piñones.
Ahora entiendo porqué, después de un asadito con morcilla, generalmente terminábamos la noche de manera diferente y ambos parecíamos adolescentes en primavera para esos menesteres. Y es que los piñones, queridos míos, fueron recomendados ya por Ovidio en su célebre obra “El Arte de Amar”, cuya edición está próxima en nuestra biblioteca.
Y todos datos los he encontrado fisgoneando por allí, en una página web dedicada a la ecología y a las plantas y vegetales a los que no se los atiborra de pesticidas ni implantes genéticos, sino que se los cultiva como en las huertas como la que tenía mi abuela. Os la recomiendo.
De modo que podéis empezar con los arrumacos desde el mismísimo desayuno, porque una tostada untada en mermelada de frambuesas... vaya uno a saber qué efectos produce. Eso sí, por favor, después escribidme para contarme qué tal os ha marchado la cosa. Os dejo un beso.

 
Publicado por Monserrat a las 05:00

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