Colección Voyeur

Lunes 26 de Septiembre de 2005
No me importa...

... Que me endilguen la categoría de fetichista. Las kilt escocesas, siguen gustándome, aunque ahora no estén de moda, a excepción de los uniformes de colegios ingleses –y no tan ingleses–, para jovencitas de familias bien.
Y no se trata que se me haya dado por las jovencitas adolescentes –lo crean o no–, porque para el caso, que una mujer de cierta edad vista una kilt escocesa, me produce las mismas sensaciones y no tiene que ver con la lujuria. ¿Qué tiene de malo? Ya me han dicho algunos lectores que debo dejar un poco de lado la historia del erotismo y dedicarme un poco más al intimismo. De modo que bueno, lo digo y lo dejo escrito. Una kilt escocesa, sea del clan que sea, la lleve una señora, una joven o una adolescente, me confunde las ideas, me acelera el pulso, me hace un revoltijo en las fantasías y me saca los recuerdos de paseo.
Creo que precisamente en los recuerdos, están las razones y si tuviera que explicarlas, quizás debería remitirme a aquella primera noviecita de los años de la secundaria, que solía llevarlas levantándola apenas un poco por sobre esas deliciosas rodillas que tenía.
Recuerdo cuando la aguardaba que saliese –cuando pasaba unos minutos del mediodía–, en la esquina, y en la vereda de enfrente de ese instituto tan distinguido en el que estudiaba. Si la hubiera esperado en la puerta, la exponía a un riesgo, y de los serios. Ya ni hablar de pararme cerca de la puerta del colegio. Ni siquiera para el día del estudiante –el día de la primavera–, podíamos acercarnos los varones a la puerta de entrada de tan respetable establecimiento educativo para señoritas. Altre tempi, altre mores, decían los latinos.

Si cierro los ojos, aún la veo caminar hacia mí, con las medias azules caídas, aquellos zapatos canadienses que se habían puesto de moda, la camisa con corbata y el suéter echado sobre los hombros, anudado por delante. Y la kilt del uniforme, con su alfiler de gancho tan dorado como sus cabellos que destellaban con el sol del mediodía. Esa pollera escocesa que se balanceaba con cada paso a un lado y hacia el otro, siguiendo el ritmo de esas piernas que a mí me parecían perfectas. Posiblemente, lo eran.
Esa adolescente que se había adueñado de mi corazón y de mis sueños; la de los cabellos como el trigo maduro, la sonrisa fresca, los ojos limpios y ese gesto pícaro con el que me miraba, antes de girar por última vez la cabeza para comprobar que nadie nos estuviera mirando antes de acercar su rostro al mío para que le robara un beso.
Cómo pueden no gustarme las polleras escocesas, con tablas y esos grandes alfileres de gancho que las cierran por delante, si de la mano de esa hermosa y sensual niña –cuyo nombre reservo para mí, como un tesoro–, que las usaba cinco de los siete días de la semana, me presentaron al amor, en vivo y en directo.

 
Publicado por Simon a las 05:00

Respuestas
26 Septiembre 2005 - 10:14
Enviar un emailAnamar
Simón, entiendo perfectamente las pasiones que despiertan en ti los kilts, a mí también me traen a la mente maravillosos recuerdos y al cuerpo agradables sensaciones. Las raras veces que uso uno -lamentablemente el clima de este país tropical no da para esos gustos- revivo las deliciosas miradas que me echaba mi jefe en el periódico, mientras me preguntaba si la próxima vez la podía combinar con medias blancas. Y basta con que vea a un escocés (incluso a un estadounidense-australiano como Mel Gibson en Braveheart) usando un kilt para deleitarme con el pensamiento de que la manera correcta de llevarlo es... mmm ¡sin nada debajo! Tampoco me importa que me tilden de fetichista y creo que en el Gran Museo del Erotismo la elegante falda a cuadros, con hermosos tachones y reluciente broche dorado debe ocupar un lugar privilegiado. Por lo que veo, sólo resta decidir si el maniquí será hombre o mujer...
26 Septiembre 2005 - 18:59
Enviar un emailGra
¡Ay, Simón, Simón! ¡Qué lindo! A las mujeres nos gusta saber que los hmbres se fijan en esos detalles. Yo era una de esas "lolitas" que usaba faldas escocesas ,me´sentí identificada... ¿sabés? después tuve una relación larga de mucho tiempo conun hombre mayor cuando yo tenía 25 años y a él le gustaba que yo usara kilts hasta me trajo de un viaje que hizo a Inglaterra cinco cortes de tela distinta y ya cortada y con tablas, uno de cada clan y me regalaba el atuendo al tono: camisa, corbata haciendo juego, saco de tweed y suéter. ¡Un fETICHISTA TOTAL y como tú! Es cierto que cuando escribes así me gusta más que las notas ´de historia auqnue son muy buenas, este blog me parece sensacional. Mirá, me levanto un poquito la falda y te dejo un millón de besos. chau
27 Septiembre 2005 - 12:29
Enviar un emailSimon Paterson
Gracias por tu comentario y por tus elogios, Gra/Jazmine. Oye... ¿sigues teniendo esas kilts traídas de Scotland? Haciendo juego con todo eso que has descripto, es la sublimación de mi fetichismo. Lo que me recomendó el médico, ni más, ni menos. Un cariño. Simón

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