Colección Voyeur

Miércoles 14 de Septiembre de 2005
Cinturón no tan casto

Hay leyendas tan antiguas y arraigadas que es difícil afirmar que el cinturón de castidad no empezó a usarse en la Edad Media. Una de las más estrafalarias, en mi humilde opinión, es la que se atribuye a un personaje famoso de España. Parece ser que don Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como El Cid Campeador, era hombre celoso, y teniendo que partir por largo tiempo cuando su rey lo desterró, no tenía más remedio que dejar a Doña Jimena, su esposa, sola en su casa. Por ello, y por temor a que le fuera infiel, le hizo colocar un cinturón de castidad que, siempre según la leyenda, la pobre tuvo que llevar hasta el regreso de su famoso marido. Por cierto que la historia oficial de España no menciona siquiera un hecho semejante, pero tanto ha pasado de boca en boca, que hay quien llega a creérselo.

Sí parece ser verdad que tales adminículos existieron con el fin de encerrar los órganos sexuales de la mujer con la inequívoca intención de reprimir cualquier deseo de la mujer ante el marido ausente y celoso. Claro que si se usa el sentido común, el solo pensar en la higiene de la mujer –especialmente en esos tiempos que no existían los tampones ni el care free–, se puede colegir que no podían llevarse por demasiado tiempo.

Parece más creíble que el uso más intensivo de estos cinturones debió haber sido en los conventos –se lo conocía como “el de cilicio”–, y era colocado en las mujeres devotas por orden de sus confesores a fin de combatir, reprimir o penar las tentaciones de la carne. Uno de estos aparatejos, de llamativas formas ornamentales, se conserva en el Castillo del Buen Amor, de Salamanca y otros tres modelos están en el Museo de la Inquisición en Santillana del Mar, en Santander.

En la “Historia de las Damas Galantes”, Branttme relata la curiosa historia de un vendedor especializado en estos preventivos contra los cuernos puso a la venta un modelo que varios maridos celosos adquirieron para sus respetables esposas, sin saber que el pícaro comerciante ya se había puesto de acuerdo con los amantes de las señoras, a los que les había entregado las llaves para abrir ese delicioso cofre de placeres.

El francés Diderot, en "Les bijoux indiscretes". Sin duda un libro notable, que trata de la época del Luis XIV, el Rey Sol, con todos los personajes de su corte trasladados a un país exótico, como el de las mil y una noches, en el cual el uso que se le da al cinturón de castidad tiene características curiosas y excitantes.
Y es que creo que las peculiares condiciones del hombre y la mujer –que básicamente no han variado tanto con el correr del tiempo– estos adminículos, como hoy en día, debían producir sensaciones más asociadas con los juegos sexuales, básicamente el usarlo para encerrar a la pareja o encerrarse uno mismo en el cinturón –durante el corto tiempo que dura la práctica del juego–, a fin de comprobar qué tipo de sensaciones produce y gozar con ellas.
De hecho, en la actualidad, el cinturón de castidad es usado como instrumento de placer y no como método de  represión. En este Occidente globalizado, en el cual el sexo ha variado con los cambios morales producidos después de la segunda mitad del siglo XX, y aunque pueda parecer extraño, no sólo lo usan las mujeres sino también los hombres porque en medio de un juego íntimo, produce las mismas sensaciones en ambos.
Pero ese, será tema para otro día.

 
Publicado por Simon a las 04:57

Respuestas
14 Septiembre 2005 - 15:23
Enviar un emailAkasha D.
La castidad... tanto miedo había con respecto a la sexualidad, que hasta se hacía tangible en uno de esos horrendos objetos, claro, ahora podrían resultar un interesante juguete sexual, así de demente es la ruleta del universo. Exquisito blog... lo linkearé, ¿o debo pedirlo formalmente?
15 Septiembre 2005 - 10:36
Enviar un emailAnamar
Simón, disculpa que utilice este espacio dedicado a los comentarios sobre tu blog para otra cosa, pero he intentado ponerme en contacto con Voyeur mediante el link de la página principal y nada que me responden. Escribo relatos eróticos y deseo publicarlos. He enviado ya tres mensajes a Voyeur y hasta ahora ni siquiera una señal de haberlos recibido. ¿Crees que podrías ayudarme a establecer contacto con ellos? Gracias y una vez más perdona la intromisión...

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