Colección Voyeur

Lunes 12 de Septiembre de 2005
El regocijo del masaje

Para intensificarme el deseo o para prolongarme el placer. Para crear un clima adecuado y prepararme de la mejor manera para los que sé y espero que pase. Para relajarme o para liberar mis instintos. Para sentir el contacto de las manos del hombre, que me van tomando de a poco o para distenderme y dejar fuera de ese recinto sagrado que es el dormitorio, todo aquello de la vida que no tenga que ver con el deseo, el placer y el amor. Para ponerme mimosa. Para liberar mi cuerpo. Para disfrutarlo.
Las manos de mi hombre suaves, deslizándose con facilidad por mi piel con un apenas de aceite esencial tan tibio como su piel; la habitación a oscuras y cuatro o cinco velas aromáticas por única iluminación, abandonándome a la caricia, los brazos flojos, los músculos laxos, los ojos entrecerrados.
La certeza que nadie va a molestar, la puerta cerrada, el teléfono con el contestador activado y el volumen muy bajo fuera del cuarto. La estufa en invierno o el aire en verano, para conseguir la temperatura más propicia para el bienestar de los sentidos.
La música: John Lee Hoober, Enia,  o los conciertos Brandenburgueses de Bach. A mí, personalmente, me gustan los tres.

Mi cuerpo y el de él desnudos, en la posición más cómoda posible.
La armonía de los sentidos, en una palabra. El clima apropiado para el amor, y ese maravilloso preliminar que es el masaje sensual, el excitante contacto de las manos en el cuerpo.
Los suaves movimientos de las manos, la exploración. Apenas una leve presión allí donde los músculos más tensos aún se resisten. Y vuelta la punta de los dedos a recorrer toda la superficie de la piel de tal manera, que apenas lo percibo, porque las manos son como pétalos de flores que recorren en círculo la superficie de mi espalda.
Un entreacto en base a un tenue soplido, como si se tratara de una brisa de verano sobre la piel a mí me eriza todo el cuerpo. Entonces sí, definitivamente entrego mi cuerpo, blando y vulnerable, a esas expertas manos de hombre que sabe cómo, cuándo y dónde tocar exactamente.
Porque saben que los nudillos son para aflojar la espalda, estimular las nalgas y aflojarme las piernas. Porque cuando me amasa y presiona con los pulgares esos puntos de tensión que no quieren entregarse al disfrute, apenas una leve presión, un ligero estrujar o un amasado, obra milagros.
Dar un masaje es tan gratificante como recibirlo. Y no hay lugar del cuerpo que no pueda ser masajeado con los movimientos adecuados.
Las caricias largas o circulares en los costados del torso; el amasado para las partes carnosas; el toque apenas sugerido en labios, mejilla y barbilla; la presión de los dedos en las sienes, y en la frente para que deje de pensar y me limite a sentir.
Y cuando esas manos que me recorren llegan a los pies, me doblan los dedos hacia arriba, masajean la planta con los nudillos y se deslizan sobre toda su superficie... me pierdo.
Si hubiera más hombres que comprendieran que las mujeres necesitamos de este tipo de mística para el amor, quizás yo no tendría por lo menos dos amigas –como tengo–, que necesitan ir a un SPA y pagar una pequeña fortuna sólo para relajar los músculos.

 
Publicado por Silvia a las 05:04

Respuestas
12 Septiembre 2005 - 16:03
Enviar un emailJ.J.
Una lección magistral, de lo que debe ser, un buen amante; Que a veces olvidamos. Juan José
14 Septiembre 2005 - 01:21
Enviar un emailDaniela D.
Doy masaje cuando estoy en compañía de un buen amante. Mis amantes me dan masaje. También voy al spa. Dinero en placer no es gasto, es, sencillamente, delicioso hedonismo. silvia: ¿probaste el masaje yoni?... exquisitez absoluta.
16 Septiembre 2005 - 04:38
Enviar un emailSilvia Bonasi
Gracias por tu comentario, estimado lector. Y en cuanto a ti, Daniela D., si lo tienes eres una afortunada, y entonces no debes colgarte el sayo que no está hecho para tu medida, que no era ese el objeto de esta nota. Se trataba de contar lo que me gusta. Y no, no he probado el masaje "yoni"... ¿me explicarías de qué se trata? Quizás pueda convencerlo a él que me lo haga. Un beso para ambos. Silvia.
21 Septiembre 2005 - 02:45
Enviar un emailHeredia
Qué maravilla. Yo, por mi parte, desearía que mi mujer no se quedara perfectamente dormida cada vez que le hago un masaje. En nuestro caso, esa es la forma menos adecuada para iniciar una sesión erótica.

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