Colección Voyeur

Martes 06 de Septiembre de 2005
Byron y sus mujeres

Cuanto más conozco a los hombres, menos los quiero; si
pudiese decir otro tanto de las mujeres me iría mucho mejor.

Lord Byron

Mordaz, genial, viajero empedernido, disoluto, licencioso, enfermizo, infiel, ligeramente cojo, bisexual y hasta ligeramente incestuoso, George Gordon –conocido por su título de conde–, Lord Byron además, es considerado el padre del romanticismo inglés.
Nació bajo el signo de Acuario el 22 de enero de 1788 en Londres, a tiempo para heredar a su tío abuelo William, que le dejó en herencia su título y sus propiedades.

Lord Byron

Estudió en Harrow y en Cambrindge y en 1807 publicó su primer libro de poemas “Horas de ocio” que, como la mayor parte de las cosas que hizo en su vida, provocó la más encendida polémica.
Sensual por naturaleza, había sido iniciado sexualmente por su enfermera –mayor que él–, Mary Grey y a partir de ese momento ya no pudo detenerse más en todo aquello que tuviera que ver con los placeres de la carne.

Lady Caroline Lamb

En 1812 tuvo la primera relación amorosa que dio que hablar a toda la sociedad de la época con Lady Caroline Lamb y en 1813 parece haber empezado con una persistente ligaçon con su hermanastra, Augusta Leigh que –of course–, era casada. Aunque las opiniones de los estudiosos son encontradas, parece bastante probable que de la unión con su hermanastra nació una niña llamada Elizabeth Medora Gray.

Augusta Leigh

En 1815 casó legalmente con Anna Isabella Milbanke, una joven proveniente de una familia muy conservadora de buena posición económica a quien engañó por igual con hombres y mujeres desde el principio mismo de su matrimonio, y con quien tuvo –el 10 de diciembre de 1815–, a una niña a la que se llamó Augusta Ada, su única hija legítima, a la que le escribió este triste poema cuando tuvo que despedirse de ella:

Es tu rostro como el de mi madre, ¡mi hermosa niña!
¡Ada! ¿Única hija de mi casa y corazón?
Cuando vi por última vez tus azules ojos jóvenes, sonrieron,
y después partimos
no como ahora lo hacemos,
sino con una esperanza.

Despertando con un nuevo comienzo,
las aguas se elevan junto a mí; y en lo alto
los vientos alzan sus voces: Me voy,
¿a dónde? No lo sé; pero la hora llegará
cuando las playas, cada vez más lejanas de Albion,
dejen de afligir o alegrar mis ojos.

Anna Isabella Milbanke

Que el matrimonio con la modosa Anna Isabella no iba a funcionar, debieron haberlo visto con toda claridad los más perspicaces de entre los allegados a la pareja. La falta de compatibilidad –eufemismo con el que se explica casi todo en un fracaso matrimonial–, muy pronto resultó evidente. Y no pasó mucho tiempo, ya que algunos días después de un mes del nacimiento de Ada, Lord Byron y su mujer se separaron para no volver a verse. A esa altura los rumores del romance con su hermanastra y de la paternidad de Byron hicieron trizas la reputación del poeta, lo que en Old England equivalía a que perdiera la aceptación social, pese a haber ocupado un escaño en la Cámara de los Lores en 1809..
Aislado, rechazado por la sociedad a la que había pertenecido y amargado, cuando Lord Byron abandonó Inglaterra seguramente ya sabía que jamás volvería e ver su patria. En Italia vivió primero en Génova donde se instaló con los Shelley y Claire Clairmon y escribió el tercer canto de “Childe Harold” y el poema narrativo “El prisionero de Chillon”. De allí pasó a Venecia donde escribió “Manfred”, la obra que le permitió conocer a Goethe y finalmente, cuatro años después se instaló en Pisa.
En 1822 fundó con Percy Bysshe Shelley y Leigh Hunt la publicación “The Liberal”, pero la repentina muerte de Shelley, acaecida ese año y una pelea con Hunt puso fin a esta empresa cuando sólo se habían publicado tres ediciones.
Ya en Grecia, y cuando los turcos la invadieron, Byron no sólo donó considerables cantidades de dinero a la causa helénica, sino que además se unió activamente a las tropas griegas.
Murió de causas naturales –se dice que “de fiebres”–, en 1824 en Missolnghi, Grecia, cuando recién había cumplido treinta y seis años este hombre genial que opinaba que la vida era demasiado corta como para perderla moviendo piezas de ajedrez y que, con su mordacidad característica, había escrito: “El amor del hombre es algo aparte en su vida, mientras que el de la mujer es su existencia entera”.
Su ex esposa, intentó ocultar a los ojos de la pequeña Ada la agitada y licenciosa vida de su padre al punto de motivarla a estudiar matemáticas con el fin de desalentar cualquier talento que le recordara a su marido y para que la niña fuera totalmente diferente a su padre. Pero que la sangre tira, además de un adagio popular, parece ser bastante cierto. Como Lord Byron, Ada tuvo aficiones y problemas similares; conoció tiempos de esplendor y pasó por boca de todos debido a los escándalos que provocó. Y como si todo esto no hubiera sido suficiente, como una fatídica coincidencia, murió a la misma edad que su talentoso padre.

 
Publicado por Simon a las 05:03

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