Colección Voyeur

Viernes 19 de Agosto de 2005
La llamaban Ninon

“La necesidad de amar es una parte de la naturaleza de la mujer”
(Anne de Lenclos, circa 1655)

Anne de Lenclos, hija de Henri de Lenclos, señor de la Douardière, nacida en 1620, fue una célebre cortesana de la corte de Luis XIII, que alrededor de 1667 estableció en París un salón en L´Hotel Sagonne, en el 36 de la Rue des Tornelles, frecuentado por las más prominentes figuras políticas y literarias de la época, entre los que se puede citar al mismísimo joven Arouet, –que sería conocido como Voltaire–, a quien en su testamento dejaría un legado de mil coronas para que incrementara su biblioteca.
Horace Walpole la llamó Notre Dame des Amours, y su fama trascendió su propio tiempo no sólo por su habilidad para los menesteres del lecho, sino por su belleza, su inteligencia y su amplia cultura general, que plasmó en una serie de aforismos que han llegado hasta nuestros días.

Hablaba y escribía con fluidez el italiano y el español y en su edad madura aprendió a tocar el clavecin.
Maestra del arte de la seducción, sensual y con una lengua filosa como una navaja de barbero, parece haber sido pragmática respecto de las cosas de la vida: “En relación con las mujeres, tengo que decirte que no existe ninguna de nosotras que no prefiera un poco de trato áspero a una excesiva consideración”, dijo en una oportunidad, haciendo referencia a esa necesidad que parecen tener las mujeres más nobles de tener aventuras de cocineras, y a su tendencia a crearse problemas con el hombre no indicado.
Durante toda su vida activa, llegó a tener casi cinco mil citas eróticas, y Luis XIV –el Rey Sol–, que la consultaba a menudo por su buen juicio para los temas políticos y por su poderoso sentido común dijo alguna vez , refiriéndose a ella: “Sus contradicciones preservan la urbanidad”. Se me ocurre que ella hubiera podido agregar a este comentario una de sus ingeniosas frases: “El amor es una comedia en la cual los actos son muy cortos y los entreactos más largos: ¿cómo llenar los intermedios sino mediante el ingenio?”.

En el amplio dominio de Villarceaux, entre estanques, laguitos, fuentes y surtidores con forma de amorcillos, en una gran extensión verde y en el centro mismo de Vexin, existen aún hoy dos castillos (hoy convertidos en atracciones turísticas): el du Aut., de estilo clásico, terminado alrededor de 1754, y desde cuyas escalinatas pueden admirarse paisajes realmente bellos y el renacentista Pabellón de Ninon de Lenclos, por el que desfilaron buena parte de sus varios centenares de amantes porque para ella “El amor es más bien el dios de las sensaciones que el dios de los sentimientos”.
Se dice que el mismísimo cardenal Richelieu le propuso pasar una noche de lujuria con ella, a cambio de cincuenta mil coronas, lo que equivale a decir que le estaba ofreciendo una pequeña fortuna. Ninon aceptó el dinero en principio, pero se cuenta que en vez de ir ella a la cita, envió a una amiga en su lugar. Téngase en cuenta que lo hizo en una época en que o se estaba con el rey, y por lo tanto con Richelieu, o se estaba con la bella Ana de Austria, la reina, y por lo tanto en contra del sinuoso y poderoso cardenal a quien muy pocos se atrevían a desafiar.
La mismísima reina Cristina de Suecia, en su primer viaje a París, arregló una entrevista a solas con la cortesana, porque tenía en alta estima sus opiniones. Quizás aprendió de ella que “La belleza es una carta de recomendación a corto plazo” y que, sin gracia, la belleza es como un anzuelo sin cebo.
Vivió una larga vida, y a los setenta años se dio el lujo de vincularse sentimentalmente con su pariente, Nicolás Gédoyn, académico y hombre de la iglesia, al que transformó en su protegido. Se comprende que en su vejez haya escrito que “Cuando nuestros sueños se han cumplido es cuando comprendemos la riqueza de nuestra imaginación y la pobreza de la realidad”. Falleció en 1705 en su castillo y pasó para la posteridad con el apodo de “La Belle Insoumise”.
"Más fácilmente triunfan los que fingen estar enamorados, que quienes de veras lo están", dijo.
Ella, Ninon de Lanclos vivió demostrando ser consecuente con sus dichos.

 
Publicado por Simon a las 05:01

Respuestas
19 Agosto 2005 - 16:22
Trini
Creo que está claro, para mí, respecto de esta historia, que era una excelente cortesana, que la necesidad de amar, no van juntas con el acto sexual, en este caso, como comedia, como actuación, ya allí daría un giro a la busqueda natural de la mujer, el amor, lo otro está claro es una satisfacción sexual. No todos esos actos tienen el mismo valor. Hay amores que son únicos, y otros son ocasionales. No dejan la mas mínima huella. Si le puso letra es porque tenía que justificar que le gustaba hacerlo y punto. Queda claro el comentario "Sus contradicciones preservan la urbanidad" Si no se unen a tu idea, confúndelos...Hizo lo que quiso Anne, felicitaciones, hoy no tendría que dar tantas explicaciones.

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