... El problema en la pareja es grave.
Una psiquiatra conocida me explicó detalladamente el proceso, repetido y tan triste de ver en tantas parejas de hoy.
La respuesta sexual –según lo entendí cuando me explicó lo que podría considerarse el abc en materia de sexualidad–, tiene tres fases: deseo, excitación y orgasmo. Cuando el problema se encuentra más cerca de la última fase (el orgasmo), resulta más fácil de resolverlo, puesto que no están afectados ni el deseo ni la excitación.
Pero si el problema se encuentra al principio, es decir, en la falta de deseo, toda respuesta sexual queda bloqueada y en cualquier terapia sexual es lo más difícil de solucionar, ya que se encuentra en la primera y más importante fase de la respuesta sexual, que es decisiva.
Ahora bien, ¿por qué puede afectarse esta primera fase? ¿Cuáles son las causas que influyen en la falta de deseo entre un hombre y una mujer?
Las causas pueden estar en uno de los dos miembros de la pareja o en ambos y posiblemente sea la que reside en la educación familiar recibida, la que mejores posibilidades de resultados tenga en el tratamiento.
La segunda causa tiene que ver con malas experiencias, o experiencias traumáticas de uno o ambos miembros, que marcan la actitud hacia el sexo.

La tercera –y posiblemente la de más difícil tratamiento–, tiene que ver con una lucha de poder en el seno de la pareja. Una lucha de poder en la cual uno de los dos se empeña en llevar las riendas, sin llegar a un acuerdo y no solamente en el terreno sexual sino en la relación. En tal caso, una de las partes no disfruta, porque se siente sometida a la otra parte o, lo que es peor, ambos pierden.
Una última causa –siempre en opinión de mi amiga psiquiatra–, también está relacionada con las crisis afectivas que transitan las parejas durante la cotidianeidad, producto de la lucha de poder antes mencionada. Los agravios, el maltrato, el daño emocional que uno puede producirle a otro o ambos entre sí, conducen indefectiblemente a la falta de deseo sexual.
Por alguna razón que desconozco, de ordinario se atribuía a la mujer la expresión de este penoso síntoma, pero en quien más claramente se pone de manifiesto –y en los últimos tiempos sólo hay que mirar los avisos publicitarios ofreciendo solución para los problemas de disfunciones sexuales masculinas–, es en el hombre.
Las mujeres –por distintas razones que no viene el caso analizar aquí–, hasta podemos llegar a fingir el deseo.
El hombre, no.
Cuando el hombre tiene bloqueado el deseo, se le nota y sin lugar a duda alguna y si la mujer siente deseo por su pareja, tiene razones más que suficientes para alarmarse.
El tratamiento para cuando las causas del problema no son profundas (es decir en la fase de excitación y en la del orgasmo) consisten básicamente en la terapia breve, entre las diversas técnicas existentes.
Pero cuando el daño está en el deseo, inevitablemente –además de la terapia de cada uno de los integrantes de la pareja–, se deberá recurrir a la consulta de un especialista para encarar lo que comúnmente se conoce como el sexo-análisis.
Y si así y todo no funciona, estimados lectores, es porque uno está mirando el espectáculo más penoso de contemplar: la muerte del amor.