Jueves 12 de Agosto de 2004
Chats eran los de antes I
Anochecía cuando me entregué a mi sillón predilecto, ese que me da el
primer abrazo cuando llego de la calle deseosa por sentir los pies libres y
permitir que se desperecen a gusto con el objetivo de exorcizar todo aquello que
el trajín cotidiano acumuló en cada centímetro de la piel, y más allá
también.
Suelo necesitar de la música casi tanto como el aire, así que estiré el brazo no más de lo necesario como para no tener que levantarme y, con éxito, alcancé el control remoto de mi equipo de audio.
Un pequeño plato con papas fritas saborizadas, una copa de Malbec a medio llenar para empezar con cierta prudencia el anhelado relax, y como te conté, mi sillón y la música terminan, por diseñarme, siempre un perfecto escenario.
Entregada a esa placentera sensación, no presté exacta atención a qué temas musicales elegía la programación de la emisora de turno para acompañarme en mi recreo, hasta que una melodía me capturó: Miracles, cantaba Mariah Carey.
No es que sea precisamente una de mis favoritas, ni ella ni la melodía en cuestión, es sólo es un dato que te doy para que te ubiques ante lo que me aconteció en los minutos que siguieron.
Sabrás que uno no elige qué es lo que ha de recordar. Imágenes, palabras, llegan siempre de la mano de las sensaciones que la acompañaron en el momento en que algo sucedió.
Un perfume, una voz, un rostro que se parece a... Un cambio repentino en la temperatura de la piel, en fin, lo que en algún momento nuestros sentidos volvieron huella en los recodos de la memoria, regresa, se adueña de ella y abandonamos el presente inmediato con destino predeterminado –como todo destino, por cierto.
Así fue como se me presentó este recuerdo que se me ocurre compartir con vos en este momento.
Mi primera vez...
Perdón, no deseo confundirte, la primera vez no fue una sola, me referiré a mi primera vez en la World Wide Web,.
Por entonces, apenas conocía una que otra autopista de las que hoy en día existen millones. Esas mágicas www que tipeamos, a cada rato, en la ventanita de archivo-abrir del explorador, sin saber, a menudo, qué aventura nos tiene reservada la navegación.
Mi recuerdo y yo nos encontramos en una pícara sonrisa. Llegaba tibio, con paso felino y justamente de la mano de esa melodía que te mencioné antes: Miracles.
Todo comenzó cuando descubrí un artilugio que se llamaba chat.
Uno de mis grandes disfrutes es conversar con alguien, conocerlo, intercambiar. Qué sé yo, tantas cosas... Escuchar historias, saber de otras vidas, contar lo mío.
La cosa es que inauguraba esa novísima forma de entrar en contacto con otro y comencé a chatear. Diré también, con todo respeto a quien me lee en este momento –quizá sepa a qué me refiero por experiencia propia– que “chats eran los de antes...”
Antes que toda “q” fuera reemplazada por una intempestiva “k”, los “también” por un mezquino “tb”, los “hola preciosa, diosa, bombón...” por un deprimente “¿Qué hacés bolu?”,
El anticipo de un contacto real (erecto...) del tipo: “¿Estaremos cerca?, ¿Dónde vivís?” Por unas fláccidas advertencias que rezan más o menos así: “aquí tenés a un moderno/a, único/a y transgresor/a que es tan audaz como para mandarse y saludarte con un: ¿sos lesbi , bi o... o qué?"
En definitiva nada, o lo que esa pobre imaginación desbastada alcance a enlistar
¡Ah, el famoso destape nacional... ¡Qué audacia!, ¡Qué sensación de libertad! ¡Qué imbecilidad!.
No, créeme, chats eran los de antes. Era sencillo y habitual, toparse con personas que, en principio, sabían escribir, incluso sin horrores de ortografía.
¿Temas? ¡Un montón! y había, claro, galanteo, cortejo, coqueteo, flirteo, levante, ligue, (como sea que se lo llame allá en tu tierra), de distintas categorías, pero ¡levante!
Conocí, así, a mucha gente realmente interesante, con un sentido del humor extraordinario. Recuerdo con mucho cariño, casi con nostalgia esa época en la que el monitor era una ventana al mundo a cualquier hora. De día, desde la casa, la oficina, por la noche, y en cada madrugada.
¡Qué adorables insomnios... qué gratas compañías!
Podía uno alucinar que la ciudad simulaba dormirse engañando a todos los aburridos, con la clara intención de escaparse por una ventana, el monitor de la PC, y encontrarse, con un solo y veloz “enter”, en otra dimensión, el de la World Wide Web.
La noche nos esperaba para charlar, jugar, conquistar y ser conquistados, el sol me sorprendía, sin que el sueño hubiera llegado nunca, riéndome, embarcada en las más atractivas tertulias.
Bueno, te pido disculpas, es que una cosa lleva a la otra y en el anhelo de querer contarte acerca de lo que recordé anoche, se produjo este pequeño alud en mi memoria como si los sucesos pasados estuvieran ordenados al modo de una torre de cubos, sólo con mover uno de ellos nada evitará que se vengan todos los demás en cadena.
Lo dicho no deja de venir a cuento, pero ya fue suficiente. Retomo el punto en cuestión, y comenzaré a compartir con vos lo prometido: mi primera vez, la noche que perdí mi ciber-virginidad.
Justamente fue chateando como conocí a Ignacio.
(continuará...)
Publicado por La Bacana a las 15:02